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Querida vida nueva,

tenía muchas ganas de ponerme en contacto contigo así, por escrito.

Nuestra relación es bastante intensa. Estamos en constante comunicación pero no sé si hasta el momento te había contado cómo he vivido estos últimos tiempos a tu lado. 

Tengo muy claro por dónde quiero empezar esta carta. Por el lugar donde, supuestamente, la vida suele acabar: la muerte.

Cuando “él” se marchó sin avisar hace dos años me enfadé mucho contigo. Me pareciste injusta, cruel y nada generosa. Ese enfado envuelto en dolor tuvo sus matices y se fue transformando conforme pasaba el tiempo en tristeza, apatía y sobre todo en mucho miedo. Miedo a perder lo que más amaba y, aunque me prometí a mi misma que haría que su desaparición valiese la pena no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo. Me habías tumbado querida vida. Literalmente. 

Poco a poco y con el paso del tiempo empecé a recuperarme. La confusión se convirtió en claridad y comprendí tantas cosas que de nuevo tú, estimada vida, te llenaste de sentido para mi. Lo que siempre creí cayó y una nueva forma de sentir nació. 

Fue entonces cuando llegó su propuesta. Aún recuerdo aquel viernes de Octubre del 2013, sentada en aquel bonito lugar tomando un refresco escuchando atentamente sus palabras:  “Voy a dejar mi trabajo, pediré una excedencia y nos vamos un año por ahí. Ya lo tengo decidido. Es el momento. Prometimos que haríamos que valiese la pena, ¿recuerdas? Vamos a vivir la vida”. Creí caerme de la silla de emoción. Nunca esperé escuchar algo así por su parte. David iba a dar el salto y quería compartirlo conmigo. Sólo tenía que decirle que si y nuestro sueño comenzaría a andar. Tan solo había una condición, lo haríamos todo de forma discreta y silenciosa. Acorde con nuestra forma de ser.

A partir de ahí todo fue disfrutar de ti. Instante a instante. Saboreando cada segundo. En febrero del 2014 nos casamos, sin comentarlo con nadie. Fuimos a firmar bien guapos y luego tuvimos una celebración a medida en nuestro restaurante japonés favorito. Sólo él y yo. Otro secreto más que añadir a nuestra aventura.

Llegó el verano y ya teníamos casi todo listo. Aún no habíamos contado nuestros planes a nadie y las ganas de gritarlo al mundo empezó a apoderarse de nosotros. Estábamos preparados. Era el momento. Octubre sería el mes elegido para compartirlo con nuestras familias, amigos, hacerlo público en la newsletter de +perspectiva…¡Cuántas mariposas en la barriga! 

Las reacciones fueron diversas y divertidas. Disfrutamos mucho al compartirlo. El silencio se había roto y ahora nuestra aventura era la de todo el mundo. Nos trataron como héroes y eso nos resultaba tan nuevo como interesante.

Ahora, por arte de magia o por tu arte de gestionar el tiempo nos encontramos en Enero y sólo quedan unas semanas para llegar al destino. Quedan algunas cosas personales por perfilar y  el próximo martes comienza mi última edición del curso online “Cómo hacer lo que ames” . Luego de esto…¡tú dirás vida nueva!

Nuestro sueño se acerca y verlo venir está siendo emocionante. Todo ese miedo que sentí hace dos años fue absorbido por el amor. Cambié los resentimientos por milagros y ahora, sólo ahora, sé que no puedo perder a nada ni a nadie.

No se puede morir. Me lo enseñaste tú. 

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