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Las mayores desilusiones que he tenido en esta vida han sido por esperar cosas de los demás.

Y sino que le pregunten a Guillermo.

Todos tenemos una voz interior.  Detectar esa voz y todas las demás que pueblan nuestra mente es una buena forma de acceder a mucha sabiduría.

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Guillermo es una de esas voces  que siempre está dispuesta a hablar en cuanto se lo permito y la verdad, se lo permito poco. Pienso que tiene un carácter algo negativo. Le juzgo y luego cuando le escucho, me doy cuenta de que su serenidad me llena de esperanza.

Guillermo no cree en el ser humano. Ha perdido toda su fe en él y lo acepta tranquilamente. Parece llevarlo muy bien. Con naturalidad. Esa desafección le ha enseñado mucho en la vida.

“El hombre es lobo para el hombre, pequeña” me dice guiñándome el ojo con aire socarrón y parafraseando a Hobbes.

Me lo imagino como un hombre de unos treinta y pocos. Demasiado joven para haber perdido la confianza en el prójimo, me parece a mi. De aspecto delgado y muy alto. Su barba es pelirroja y siempre va vestido de forma  semi elegante:  americana ligera y zapatillas blancas.

El otro día quedé con él. No podía más. En cuanto apareció le cogí de la mano y le propuse pasear.

¿Sabes? Le dije entornando los ojos fuertemente.  A lo largo de mi vida he esperado amor, atención, respeto, reconocimiento, buenas maneras, inteligencia, integridad… hasta que me di cuenta de algo; si espero eso de los demás es porque en realidad, debería dármelo primero a mi misma. 

La verdad es que descubrirlo fue duro, pero más difícil es vivir esperando algo de los demás. A mi me cuesta mucho. Me desgasta.

“Lo sé”-me contestó Guillermo. Pero también ayuda. Enseña. Prepara.

En mi opinión si lo que quieres es solucionarlo tienes dos opciones. La primera sería hacer las cosas para que los demás tengan una reacción positiva hacia a ti. Lo cual, en muchos casos, te exigiría desviarte un poco de quien eres y olvidar tu autenticidad.

La otra manera y es la que yo te propongo, es hacer las cosas porque tú puedes. Porque quieres. Independientemente de si los demás responden o no a tus expectativas. Sólo porque si, porque puedes hacerlo.

Fue en ese momento cuando la voz de Pina Bausch  entró en la conversación diciendo aquello de “Bailen, bailen o estamos perdidos”. Y llegó mi paz.

Bailemos, amemos, vivamos… porque podemos. Porque queremos. Sin ninguna razón más. 

Porque sólo cuando no esperas nada, ocurre todo.

Yo no espero que dejes ningún comentario pero si por un casual te apeteciese  puedes hacerlo aquí. 😉

Mientras tanto me voy a conocer a mi grupo de Foto Lov . Empezamos mañana y  ellos sí que esperan que yo les cuente cosas. Les llevo a conocer su voz, a revisar sus expectativas. 😉 

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