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verogran-formentera1

verogran-formentera2

verogran-formentera3 El tiempo pasaba muy lento aquella tarde.

Vaya, será porque hoy es el último día, imaginé. No lo sabia a ciencia cierta. Podría ser una hipótesis. Podría ser la tensión de saber que no volvería más allí.

Aquel momento nada tenía que ver en cómo lo había pensado. Algo más apoteósico. Incluso peliculero.  Pero no, era un momento. El momento. Así que de la misma manera que hacía siempre pero con algo más de solemnidad apagué el monitor del ordenador. Respiré profundo y aprovechando el impulso de la exhalación empujé la silla de ruedas hacia atrás y me puse de pie. Ahora sí. Ése era el gesto. El primer paso hacia la salida. Recogí todo lo que había en la mesa, que era bien poco, colgué el bolso en mi hombro y salí de la pequeña oficina. Le dije adiós a todo el mundo como cada día. Esta vez con más abrazos y  buenos deseos que de costumbre.

Permanecí largo tiempo de pie en la puerta principal, inmóvil, intentando encontrar algún tipo de emoción que fuera capaz de identificar. Nada. Esperé y esperé pero nada. Seguí sin sentir mucho más que el bullicio que vivía Plaza Cataluña. Era víspera de festivo. La calle y yo permanecíamos igual, mudas pero vibrando. Como intentando disimular.

La inquietud fue apoderándose de mí. Había que marcharse. Dar el paso físico.

Comencé a caminar. Hacia adelante, sin echar la vista atrás en ningún momento. Quería girarme y lanzarle una sonrisa a mi pasado inmediato, como si estuviera en una película y ese gesto tuviera algún significado vital para el desenlace de la historia, pero no pude. Estaba demasiado ocupada respirando ese aire que me sabía a libertad. En notarme. En disfrutar pensando que al día siguiente mi despertador no sonaría para recordarme que tenía que ir a un lugar donde no quería ir.

Cinco años después, vuelvo de mis vacaciones y una de las cosas que me hace especialmente feliz es saber que mi despertador continuará llamándome cada mañana para que despierte, pero interiormente. Me avisará que tengo una vida a la que dedicarle toda mi atención porque la tengo que crear. La tengo que bordar.

Y es que… la base de la grandeza es hacer honor a las pequeñas cosas. 

¡Ya estoy de vuelta!

hojas


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