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¿Se te ocurre algo? Seguro que sí, pero primero déjame que te cuente una pequeña historia que sucedió hace muchos años y luego soy toda ojos para leerte a tí.

La historia de un apasionado

Alfred Charles Kinsey (1894-1956) fue uno de los pioneros de la investigación sexual humana de los Estados Unidos.
Casado y con tres hijos, su matrimonio es muy avanzado para la época, no sólo por sus ideas respecto al sexo sino también por sus prácticas. Muy frecuentes y poco heterogéneas.
Después de sus clases de biología el señor Kinsey, por vocación y con intención de ayudar a sus jóvenes estudiantes se dedica a atender en su despacho a alumnos con dudas sobre comportamientos sexuales. Actividad que en muchos sectores de la Universidad tachan de “sucia”.
En un momento dado y al comenzar a recibir tantas visitas, propone a la Universidad dar un curso de educación sexual que curiosamente es aceptado siempre y cuando los asistentes sean sólo profesores, estudiantes graduados o casados. Continuando con su pasión por ayudar a los demás, se da cuenta de que la información recogida sólo con las consultas privadas después de clase no es suficiente, no representa a la totalidad y a lo que intuye que debe estar ocurriendo, así que decide pasar un cuestionario anónimo en su clase. Ése cuestionario es la clave. Le transmite la cantidad de dudas de sus alumnos, de sus inseguridades, de lo que desean y lo que realmente hacen. De lo que la gente piensa que es “normal” o no.

Llegar cada vez más lejos

Sus clases están siempre llenas y su forma de enseñar es tan poco convencional que Kinsey empieza a contar con muchos enemigos.
Aún así y a pesar de todos los obstáculos propios de una sociedad de inicios del SXX la pasión de Kinsey le lleva a investigar sobre el asunto por todos los Estados Unidos apoyado por una subvención que le permite crear el “Instituto Kinsey”.
Publica numerosos informes y libros sobre el comportamiento sexual del hombre, de la mujer, que son bestsellers y ayudan a muchísimas personas.
Publicaciones que hacen saltar la alarma social y que tiene como consecuencia que le retiren todas las ayudas y subvenciones. Le dejan solo.
Kinsey se ha convertido en un enemigo para la sociedad. Está dando demasiado información para que las personas se sientan “libres” y dispongan de su vida sin complejos ni culpas.

Haz lo que ames en el SXXI

Conforme avanzaba la película me dí cuenta de que estamos en los inicios del S.XX en el tema de hacer lo que amamos. Que estamos ante el nacimiento de algo que está ahí latente y que sabemos muy poco de ello, sólo lo que alguna gente quiere compartir. Igual que en el caso de las consultas privadas después de clase del señor Kinsey.
Parece que en pleno SXXI el hacer lo que ames es tabú. Que hay mucha gente que se siente culpable por querer hacer lo que le dicta su corazón y no lo que le dicen que hay que hacer.
Que hay muchas personas que se sienten solas por pensar que deberían estar disfrutando de su vida a su manera. Que se sienten bichos raros por pensar diferente y claro, al final todos queremos ser “normales”. Supernormales. Como en la época de Kinsey. Un siglo atrás. Es más fácil.
La cuestión es que hay personas que ya hacen lo que aman y lo disfrutan y que todos podríamos estar haciendo lo mismo. Como en el sexo.
Es una pena que en una época tan avanzada y moderna como la nuestra todavía nos avergoncemos de ser quienes somos y querer lo que queremos.

 

-¿Cuál es tu posición favorita? 
-Ah! ¿Es que hay más de una? 
¡Muchísimas gracias por su labor señor Kinsey!

 

 
 

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