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“A mi me gusta más el de cuadros”
“Si, te queda bien”-respondió ella algo dudosa. Su cara parecía andar buscando un indicio de aceptación.


Acababa de cruzar la puerta de aquella tienda. Había ido a comprar algunas blondas para hacer mis paquetes de fotos bonitas y les encontré allí.


Era una pareja de unos 80 largos. Una pareja y un sombrero. Un sombrero y el amor.



De pronto, y sin pensarlo me acerqué a la cajera. Lo hice marcha atrás, de espaldas. No quería perder de vista aquella escena tan “especial”.


“Quiero regalarle el sombrero a aquel señor de allí”- y le señalé para el interior de la tienda. Lo dije decidida, sin apenas mirarla. Al girarme me dí cuenta de que estaba allí cabizbaja. En su mundo.


Ella levantó su cara muy despacio y me miró extrañada. No la dejé responder. Continué hablando, como si alguien más hablara por mí. Como si hubiera algo en mi interior que me dirigía.


“Creo que se va a llevar el de cuadros”- apunté
“Vale”-dijo ella sin mucho entusiasmo


El señor andaba un poco perdido por la tienda buscando un lugar donde contemplarse.


“Señor, señor si quiere mirarse aquí tiene un espejo”-le dijo la cajera señalándole muy cerca de la puerta de entrada en su papel de cómplice. Y el señor con una vitalidad y un brillo en los ojos que ya lo quisieran muchas personas de pronta edad le dijo:


“Y si no lo hay me miraré en el reflejo de tus ojos” y se fue derechito hacia al espejo. Ni siquiera se dió cuenta de que yo estaba allí. Era él y su sombrero. Él y su emoción.

Volví la vista hacia la cajera y con voz bajita le dije: “¿Ves como yo a este hombre le tengo que regalar su sombrero?” 


Decidí moverme un poco por la tienda para ver que había mientras ellos intentaban tomar una decisión. La más favorecedora. La mejor.


De pronto, ella, con su moño rubio, sus gafas vintage, un abrigo que parecía una esponja y su amor por él se dirigió a la caja y dijo: “Nos quedamos con éste”. 
Era el de cuadros claro. 


Desde lejos oí como la cajera le contestó: “Muy bien, pues ya está, ya se lo pueden llevar”


-“¿Cómo?”- dijo la mujer mientras metía la mano en su bolso para sacar el monedero pensando que no había oido bien 
-“Que no me tienen que pagar nada. Que el sombrero se lo regala una chica”- explicó con su sexy acento argentino
-“Una chica, ¿qué chica?” 
-“Una chica que está por ahí”- explicó moviendo las manos.


Decidí que era mi momento de intervenir…
“Aquí, la chica soy yo”- levanté los brazos para que me vieran. Me había alejado hasta la zona de los esmaltes de uñas. Exactamente estaba al lado de los de color chillón.


De repente vi como los dos corrían hacia a mi.
Estaban felices, muy felices. Era un trayecto corto, pero a mí me dió la sensación de que tardaban horas en llegar a la zona de los esmaltes color chillón.


“Pero chica, ¿y eso?”- me gritaba ella emocionada
“Pues que entré en la tienda y vi a su marido tan guapo que me dije, le voy a regalar el sombrero”.
“¡Ay! ¡Pero qué bonita!”-dijo ella emocionada mirándome por encima de sus gafas vintage.
¡Muchas gracias hija!- apuntó él oculto detrás de ella y sonriendo de forma traviesa.
“De nada, que lo disfruten mucho” y me marché a buscar lo que había ido a comprar.


Al alejarme oí…”¿De qué me conoce esa chica?”- le preguntaba él a ella. “Pues no lo sé”, le contestó. 
Parecía que seguían sin saber qué estaba sucediendo. Yo tampoco, pero me encontraba increíblemente emocionada.


De pronto sentí cómo él salía corriendo detrás de mi. Me tomaba del hombro y me hacía girar.
Parecía que quería decirme algo más.


“Nena…¿de qué me conoces?”-su voz temblaba 
“De nada, es la primera vez que le veo”
“¿Y si no me conoces por qué me haces un regalo?”
“Porque sí, porque me lo ha dicho mi corazón”


Y fue entonces cuando sonrió y tocó mi cara de una forma tan especial que supe que Verónica, si, esa, la de +perspectiva, ya no era la misma persona que unos minutos antes había entrado por esa tienda. 


** Él se había ido para siempre el día anterior, ya no volvería, pero pude reconocerle en ese señor, en su sombrero y en su corazón.
Princess si algún día cuando haya pasado todo lees esta pequeña historia que sepas que va por ti.

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