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Oí una voz desde el marco de la puerta que preguntaba: ¿Queréis acompañarme a casa de “Buscaruidos” y ver sus pájaros?  No sabéis la que tiene allí montada. 


-“Buscaruidos”, ¡qué nombre tan curioso! ¿pájaros? ¿tiene pájaros?- pregunté 
– Su casa está aquí al lado. Detrás de aquel pino grande. Puede verse desde aquí- seguía contando aquella voz desde la puerta.


Cruzamos nuestras miradas y con la cabeza asentimos. Si, vamos.


– Voy a coger mi cámara y enseguida me uno a vosotros en el coche- dije yo. 
Tenía que coger mi cámara. Era necesario. Intuía que iba a vivir un gran momento. 
No sé por qué. Se trataba de “Buscaruidos”. Quizás era el inicio de una “crónica de los pájaros que daban cuerda al mundo”. 




Subimos a la furgoneta. 
Viaje particular a través de caminos de tierra y baches. Un viaje angosto en el espacio y corto en el tiempo.
Cuando llegamos al lugar, la voz que nos habló desde el marco de la puerta, estiró su mano y como si hubiera estado allí miles de veces, abrió el pestillo de la verja de la entrada.
Ya estabamos allí. 
Delante de nosotros, un gran pasillo de arena, bordeado por árboles muy grandes y con un color verde brillante.





De repente y a lo lejos, avanzando por el camino vimos una persona que salía a nuestro encuentro.
“Debe ser él. Buscaruidos”-pensé. 


-¡Hola! Hemos venido a verte y a que le enseñes a esta gente tus pájaros-dijo la voz que salía del marco de la puerta
-¡Muy bien, muy bien! Ahora acaba de irse Jaime.


Parecía que ambos sabían muy bien quién era Jaime. Nosotros dos no.


De pronto, llegamos a una gran casa. “Buscaruidos” iba delante y abrió la persiana para que nos introdujéramos dentro del lugar. 


Lo que había y vimos allí era cuanto menos singular.
Más de 300 pájaros en sus respectivas jaulas. Por parejas. Como si de viviendas unifamiliares se tratara. Había canarios de todo tipo y de todos colores. Igual que periquitos.


Y empecé a hacerle muchas preguntas a “Buscaruidos”, sobre sus hábitos. Sobre el cómo hacia para tener tantos pájaros. Cómo había aprendido a cuidar de ellos. 


La pasión de “Buscaruidos” era tanta, tanta, tanta, que no paraba de hablar. Nos contó cantidad de información: historias increíbles sobre concursos, sobre la muerte de algunos pájaros y el nacimiento de otros.





“Buscaruidos” tenía su trabajo. Era zapatero. Un buen día un amigo suyo que abandonaba su afición de criar pájaros le regaló un par de jaulas con cuatro parejas. A partir de ahí, las presentó a un concurso. Ganó. Y como él dice: “Fue mi perdición”.


Ahora ha perdido su trabajo y si antes pasaba sólo parte de su tiempo libre con sus “amigos”, ahora les dedica prácticamente todo el día. 



Mientras estabamos allí, pude captar con mi cámara el nacimiento de dos crías. 
¡Fue emocionante!



Cosas que “Buscaruidos” puede enseñarnos sobre el sentido de la vida



Haz lo que ames 
A “buscaruidos” le brillan los ojos cada vez que habla. Su actitud es tremendamente amorosa. Encontró lo que le da sentido a su día a día. Ver nacer nuevos pájaros. Mirar sus colores. Alimentarles. Y todo ello “por casualidad” porque alquien le regaló dos jaulas en su día. 
Vive su pasión de forma  tranquila y entusiasta. 


No hay prisa
Respetar los tiempos de poner los huevos y de nacimiento de sus pájaros, son los tiempos que rigen la vida de “buscaruidos”. No intenta acelerarlos, ni retrasarlos.
Tiene un calendario donde apunta cada día las puestas de huevos y sabe que quince días después tendrá “inquilinos” nuevos en la casa a los que cuidar.


Que tu experiencia venga de tu observación y tu práctica
Él dice que no sabe de nada. Que hay mucha gente que sabe más que él. 
Que no lee libros, sino que cuando va al veterinario escucha mucho. Que observa cada día las cosas que hacen sus pájaros. Que observa sus reacciones. 
Que cuando se reúne con la asociación aprovecha para escuchar y tomar notas. 
Piensa que esa si que es una forma real de aprender. 


Acepta

Muchos de sus pájaros han muerto en circustancias que le fueron ajenas a él, pero otras ha sido por descuidos suyos, como por ejemplo algún día que olvidó ponerles agua. 

Él dice: “Cuando ocurre algo que está fuera de mi influencia lo acepto, cuando sé que ha sido algo que he provocado yo, me sabe mal, pero lo acepto también”.
No se castiga. Sólo está muy atento para que la próxima vez no vuelva a suceder.

Busca la plenitud, no la felicidad
“Buscaruidos” no necesita nada más. 
Ahora no tiene trabajo “propiamente dicho” pero se dedica a vender sus pájaros para reinvertir en ellos de nuevo.


“Yo no necesito nada” dice él. “Estoy de maravilla aquí todo el día con mis pájaros, aunque a mi mujer no le haga tanta gracia”- y sonríe


“Vive la vida con un propósito”. Encuéntralo. 


Y aquí acaba la historia del hombre que “daba cuerda al mundo” . 
Puede gustarte o no. No estoy sugeriendo que te dediques a criar pájaros.
Sólo estoy agradecida a “la voz desde la puerta” que nos llevó a aquel lugar y me permitió tener esta experiencia. 



Es primavera. Época de nacimiento. Y ese día experimenté nuevas sensaciones y me gustó. Viví la plenitud de una persona y de su entorno. No me dejó indiferente, tal y como sucede cuando te encuentras con una persona que “hace lo que ama”
Volveré. 


¿Qué piensas tú? 






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