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En un mundo on-line donde siempre estamos todos conectad@s es difícil tener una mente en calma. En el día a día también. Últimamente he oído muy a menudo aquello de “no puedo concentrarme”, “me distraigo con nada”. En realidad, una de las causas de pérdida de concentración se debe a nuestra mente. Creemos que somos nosotr@s quienes pensamos, pero en realidad, somos pensados por nuestros pensamientos mecánicos. Estamos bajo su control. Concentrarse es fijar la mente en un punto con exclusión del otro y para ello se necesitan dos cosas: espacio y tiempo. Y no sólo me refiero a espacio físico, sino a espacio interno. Si, ese que generalmente está ocupado por “ruido”en un lugar donde debería reinar la quietud. Perdid@s en el pensamiento. Para empezar con la practica mental que nos haga estar en el presente podríamos empezar de la siguiente forma: 
1. Tomar conciencia de los sentidos. Los sentidos son como grandes boquetes por los que se escapa nuestro flujo mental, creándose una corriente hacia el exterior que inestabiliza la mente e interrumpe la concentración. Cuando los sentidos pueden cerrarse voluntariamente, empezamos a conectar con el interior y con la quietud.
2. Tener sólo una idea en la mente. Igual que somos capaces de hacer una sola cosa a la vez, podemos ser capaces de pensar sólo en una cosa a la vez. Estar en el instante. La disciplina en hacer sólo una cosa cada vez es el arte del “genio”.
3. Date cuenta de tus progresos. Todo el mundo quiere progresar en esta vida. Sin embargo, es fácil empezar con buenas intenciones pero no comprometerse. Si vas tomando conciencia de tus progresos, será más fácil y motivante continuar con lo que estás haciendo.
4. Contesta tus preguntas internas. A veces, las distracciones no llegan sólo desde el exterior. Es más, puede que lleguen en la misma medida desde nuestro fuero interno. Las preocupaciones nos invaden. En realidad, les dejamos que nos invadan. Cuando te lleguen preguntas, acéptalas y dales una respuesta que te satisfaga. Quédate en paz. Hasta que no lo hagas, no podrás continuar. 
5. Cuando te des cuenta de que te has vuelto a distraer, pregúntate, ¿qué me aporta distraerme? ¿cuál es la causa por la que sigo haciéndolo? ¿qué está pasando?
La mente dispersa crea muchas dificultades, entendimiento incorrecto, tensiones…Así pues, estaría bien contar con una mente que nos obedece, que reflexiona con claridad y precisión que además sabe dejar de pensar y sosegarse. La dispersión mental debilita. 

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