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Siempre me ha gustado la ley del esfuerzo invertido de Emilie Coué. Esta ley tiene su descripción pero a mi me gusta explicarla así:  Cuando intentas permanecer en la superficie del agua, te hundes; pero cuando tratas de sumergirte, flotas. Creo que existe una relación entre la búsqueda de seguridad psicológica del ser humano y esta ley. 
Las personas buscamos la felicidad fuera de nosotr@s, en alegrías temporales, alegrías que son breves e inciertas. A mi me llama mucho la atención esa especie de ansiedad que se genera con la posibilidad  de que uno “pueda perderse algo”. Hay que hacerlo todo.  ¿Resultado? la mente se agita ansiosa de un lugar a otro, revolotea de una placer a otro sin encontrar reposo y satisfacción en ninguno.No descansa.
Nos encontramos en una era donde predomina la insatisfacción, la frustración, la agitación y la adicción a los narcóticos. A esta manera de narcotizarse le llamamos “alto nivel de vida” una estimulación de los sentidos, desde mi punto de vista, violenta que nos hace progresivamente menos sensibles y, así, necesitad@s cada vez más de una estimulación más y más violenta para poder “sentir”. Mantener ese nivel nos hace estar dispuestos a soportar maneras de vivir como la de desempeñar un trabajo que no nos gusta pero que nos procura los medios para buscar alivio en intervalos de placer frenético.Damos por supuesto que esos intervalos de estimulación externa, son la vida real, el verdadero objetivo que tiene el soportar lo que soportamos continuamente. 
Y después no entendemos porque nos encontramos ansiosos. A mi me parece que con estas “creencias” hay motivos. 

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