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Sábado a mediodía. Dentro de un bar al lado del mercado. La terraza estaba llena y había que esperar a que se vaciaran las mesas del exterior. De repente, un vendedor. No uno cualquiera, sino un vendedor de la Once (ofrecía cupones del sorteo extraordinario). Me quedé observándole. Su lenguaje corporal. Su relación con los clientes. Su actitud. Su orientación. Su intención. De alguna forma u otra me interesó su «marca», su «identidad». Supo hacerlo muy bien. Le comprarmos un cupón aún cuando yo nunca juego. Su estrategia: me dejó que le hiciera fotos. Estaba encantado de ser captado. Olvidé preguntarle su nombre. Tuve ante mi una verdadera identidad. Por cierto, ¡era auténtico!.

Y yo me pregunto: ¿Expresión o impresión? ¿Tú qué piensas?

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